Una carta de amor ‘low cost’ a Madrid

En contra de todos los pronósticos, la comedia romántica anglo-española ‘Tea & Sangría’ ha logrado su estreno en el Reino Unido

Peter Domankiewicz con Ángela Boix en ‘Tea & Sangría.’
Peter Domankiewicz con Ángela Boix en ‘Tea & Sangría.’

No se puede negar que los españoles y los británicos pasan mucho tiempo juntos: nada menos que 15 millones de personas viajaron a España desde el Reino Unido el año pasado, mientras que la crisis ha empujado a miles de jóvenes españoles a emprender el viaje opuesto en busca de oportunidades laborales y para mejorar su inglés.

“No hay otro caso semejante en toda Europa de un grupo de personas que pasan tanto tiempo en compañía el uno del otro”, observa el director británico Peter Domankiewicz.

El realizador lo ha apostado todo para demostrar una teoría que primero le trajo inspiración, y que después le empujó a seguir adelante a pesar de todas las dificultades que surgieron en el desquiciante camino hacia el estreno cinematográfico de Tea & Sangría.

Las primeras dos semanas, perdimos todos y cada uno de los miembros más importantes del equipo”

Con un argumento basado en el choque de culturas entre el mundo anglosajón y el español, esta comedia romántica fue rodada con unos recursos tan reducidos que a su lado, cualquier otro micro-proyecto audiovisual parece una superproducción de Michael Bay. Y sin embargo, en contra de todo pronóstico, la película consiguió el mes pasado estrenarse en cines en el Reino Unido.

Esto hace de Domankiewicz un hombre muy, muy feliz. El guión original sobre un inglés que lo deja todo para irse a vivir con su novia en Madrid (hasta que la relación se tuerce) está basado en sus propias experiencias en la capital de España. Lo escribió en 2009.

“Todo el mundo dijo que le gustaba mucho, todo el mundo dijo que era muy gracioso – y nadie apostó por él”, dice, recordando sus primeros esfuerzos por vender el guión a productoras españolas.

El rechazo suscitó una decisión extrema. Domankiewicz, que cuenta con amplia experiencia como director en Gran Bretaña, donde ha rodado varios cortos, series de televisión y anuncios televisivos, tenía ganas de probar con un largometraje. Y vio su oportunidad: “Me dije, ‛pues vale, pues lo hago yo mismo’”.

Tras fundir sus ahorros para adquirir el equipo necesario, pagar las licencias y acumular suficiente comida como para convencer a algunas amistades españolas con experiencia en actuación y dirección de cine de que le echaran una mano, Domankiewicz se puso rápidamente en marcha.

El primer interrogante era: ¿quién hará el papel del inglés con el corazón roto que aprende a desenvolverse en una ciudad desconocida? El papel pedía a gritos a un actor estilo Simon Pegg, pero al encontrarse sin dinero y con un reciente cursillo de actuación en su propio currículo, Domankiewicz vio que no tenía elección: él mismo interpretaría al personaje principal.

Lo de dirigirse a sí mismo no fue ningún problema, explica. La dificultad residió en lidiar con todo lo demás.

“Lo realmente difícil es, entre toma y toma, tener que salir corriendo del edificio, encontrar un cajero automático, sacar €200 de tu cuenta, volver corriendo, dárselo a alguien y decirle que vaya aquí o allá, que haga esto o lo otro, o que pague a fulanito; y después de todo eso, volver a meterte en tu papel, ponerte delante de la cámara y seguir con la escena. Eso es como para que te dé un ataque de nervios”, recuerda.

El resultado rayó el desastre. La escasa ortodoxia de los métodos de trabajo debido a un presupuesto microscópico – un “flexi-equipo” que a menudo no consistía en más de cinco o seis personas; rodaje a pulso con una cámara digital SLR; el mínimo absoluto de tomas; desplazamientos en metro entre localizaciones – no siempre fue del agrado de los estudiantes de cine que se habían apuntado al proyecto y que estaban entrenados para hacer películas de una manera concreta.

“Las primeras dos semanas, perdimos todos y cada uno de los miembros más importantes del equipo”, recuerda el director. “Algunos incluso dos y tres veces seguidas. Fue la etapa de rodaje más horrorosa de mi vida.”

Ahora admite que casi tiró la toalla. El mayor bajón llegó una noche a la una de la madrugada, sentado en la terraza de un restaurante indio en la calle de Lavapiés, tras una jornada de rodaje especialmente dura.

“Me recuerdo sentado, llorando y comiendo mi plato indio mientras la gente pasaba a mi lado sin fijarse en mí. Totalmente solo. Con todo el asunto recayendo sobre mis hombros. Recuerdo pensar: ‘Peter, te has metido en camisa de once varas. No puedes hacer una película sin apenas dinero y con actores y un equipo con poca experiencia y sin buenos motivos para trabajar gratis para tí.’”

Pero poco a poco, con ayuda de la actriz Ángela Boix – que hace de Marisa, su novia ocasional en la película – así como de la jefa de producción Tatiana Arboleda, consiguió reunir al equipo que necesitaba para sacar adelante el proyecto.

Al final, la pequeña escala de la producción – Domankiewicz se resiste a desvelar el coste final, pero admite que es menos de seis cifras – facilitó el rodaje en el centro de Madrid. Nadie les prestó la menor atención cuando rodaron la escena en la que Domankiewicz cruza la Puerta del Sol con una Boix desmayada a cuestas.

“Creo que utilizamos la segunda o tercera toma, y aún así todo el mundo nos sigue mirando a nosotros. Si te fijas en la gente, nos miran como si realmente ella se hubiera desmayado, en lugar de mirar al tío con la cámara. Porque en realidad podría haber sido cualquiera que pasaba por ahí y que sacó su cámara […] En poquísimas ocasiones nos pasó que la gente a nuestro alrededor interfirió con el rodaje.”

Por un lado tienes a ingleses hablando mal en español, y por otro a españoles hablando mal en inglés, porque para mí, esa era la vida en España”

El resultado final – conseguido con ayuda de Nacho Ruiz Capilla, ganador de un Goya por el montaje de Los Otros, y que se apuntó porque le gustaba el proyecto – es una declaración de amor ligeramente áspera a Madrid por parte de un inglés. Se trata del equivalente cinematográfico de una carta de amor redactada en una servilleta de papel.

Aunque es cierto que el argumento tiene su buena dosis de giros descabellados – el director sostiene que algunos de los momentos más extraños ocurrieron de verdad – la película da en el clavo a la hora de diseccionar nuestras diferencias culturales, desde la dificultad de explicar el vegetarianismo a un español hasta la excesiva cortesía de los ingleses (“siempre se están disculpando”) e incluso las actitudes diferentes ante la ventosidad.

Esta sensación de autenticidad se ve potenciada por el hecho de que, cosa rara, esta película es bilingüe de verdad. Una versión de Hollywood sin duda habría encontrado la manera de conseguir que todo el mundo hablase en inglés, pero aquí los personajes utilizan ambos idiomas, como en la vida real.

“Por un lado tienes a ingleses hablando mal en español, y por otro a españoles hablando mal en inglés, con una mezcla constante de todo, porque para mí, esa era la vida en España: una extraña remezcla”, dice Domankiewicz, que también tomó la decisión de integrar los subtítulos en el corazón de cada fotograma, en lugar de ponerlos en la parte inferior, para que el ojo del espectador se concentre en la acción.

Cargando con todo: Guionista, director, productor, actor Peter Domankiewicz.
Cargando con todo: Guionista, director, productor, actor Peter Domankiewicz.

La cinta acabó presentándose en el Festival de Cine Británico de Dinard – un certamen chiquito pero prestigioso que se celebra en el norte de Francia – donde en octubre pasado fue visionado por un jurado presidido por Catherine Deneuve junto con obras de conocidos directors como Mike Leigh (Mr Turner) y Michael Winterbottom (The Trip to Italy).

“Aquello marcó la diferencia”, recuerda Domankiewicz. “Aunque no sea muy conocido, este festival es muy respetado por la industria cinematográfica británica, que suele acudir en masa. Así que la gente te toma muy en serio si formas parte de la selección del festival.”

Entre los asistentes había un representante de Ciné Lumière, el programa de cine del Instituto Francés, que solicitó que Tea & Sangría hiciera de preludio al London Spanish Film Festival – un evento que marcó su estreno británico. Esto también le permitió diseñar una gira de salas alternativas por todo el país a lo largo de los meses que vienen. Y lo que es aún más importante, Domankiewicz consiguió que su multicines local en Walthamstow, en el noreste de Londres, programase la cinta más de siete días seguidos, cosa que le aseguró la atención de la prensa nacional.

Lo que aún le falta, subraya, es un distribuidor español. “España está siendo dura de pelar,” admite el director. “Mi agente de ventas ha hablado con muchas distribuidoras y todas dicen lo mismo, que esta película es para extranjeros que viven en España, y que ellos no compran películas para extranjeros que viven en España.’ Así que su esperanza es que un éxito en el Reino Unido le ayude a convencer a alguna pequeña distribuidora española a estrenarla de forma limitada en Madrid.

Todavía queda una gran incógnita por despejar: sabiendo lo que sabe ahora, ¿volvería a hacerlo de nuevo? Domankiewicz no lo duda: “¿Así, de esta manera? ¡Ni hablar! ¡Estaba loco!” Dice que tomó la decisión de embarcarse en un proyecto tan grande con el propósito de sacarse a sí mismo del infierno de las producciones que nunca llegan a la fase de rodaje, y dejar de esperar a que las oportunidades le cayeran del cielo.

“Llega un momento en el que ya no puedes estar sentado con la mano alargada, diciendo ‘un subsidio, por favor.’ A veces tienes que poner las cosas en marcha tú mismo.”

Traducción de Susana Urra

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